MAYO
- Estemos siempre ocupados, pues la mente desocupada es taller del vicio.
- No siempre encontraremos la respuesta a nuestras dificultades a la oración,
pero siempre encontramos el consuelo y la fortaleza que necesitamos.
- El mundo necesita paz; está hambriento de amor, de amor de Dios. Debemos
compartir nuestro amor.
- Hemos nacido en un mundo idólatra; debemos hacer oración y sacrificio por
la salvación del mundo.
- El apostolado es esencialísimo, pero no es lo primero.
- Nuestra vida debe ser alegre, con la alegría de los santos.
- Somos meros instrumentos de Dios.
- El matrimonio debe acostumbrarse a rezar el padre nuestro antes de
acostarse. Así, si algo ha sucedido durante el día, al llegar a la frase
“Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos”, mirarse a los
ojos, darse un beso e irse tranquilos a dormir.
- ¡La bendición de una madre tiene tanto poder ante Dios!
- El apóstol debe ser alegre, persona de oración, entregado a Dios.
- Nuestra vida debe ser la llama que atrae las almas que Dios quiere lleguen
a El a través de nosotros.
- Mientras más cuesta el sacrificio más vale y más nos bendecirá Dios.
- Vivamos lo que Ella nos pide: Oración y Sacrificio.
- Al demonio no le gusta la humillación; le gusta la rebeldía.
- Las manos sacerdotales son sagradas. Dios las tiene en nosotros para
hacerse presente en la Eucaristía. ¡Qué bendición qué don!
- Mi lengua no debe pronunciar palabras de las que después tenga que
arrepentirme.
- Nuestras manos deben estar dispuestas a ayudar, a cooperar.
- No debemos dejar pasar una conversación sin hablar directa o
indirectamente de Dios.
- Dios es el dueño y Señor de todo.
- Contemplamos a Cristo para que El nos enseñe cómo debemos vivir, cómo
debemos pasar cada día, cada hora del día y de la noche.
- Con frecuencia al empezar un apostolado, hay que ir con los ojos cerrados
hasta que El va enseñando el camino.
- Ningún sacrificio es grande cuando Dios lo pide.
- Tratemos de cultivar el desprendimiento; no tener el corazón apegado a
nada.
- No seamos escrupulosos; pero sí delicados de conciencia.
- Hagamos todo bajo la Luz del Espíritu Santo.
- No es fácil la vida en común, ni en la vida religiosa ni en el matrimonio,
pero es posible.
- Debemos hacer siempre el querer de El, no el nuestro.
- No sabemos el bien o el mal que hacemos con nuestras palabras.
- Los dones son regalos de Dios y para su gloria debemos usarlos.
- Hay que pedirle al Espíritu Santo que nos inspire al momento de hablar no
importa la situación en que nos encontremos.
- Debemos meditar las virtudes de la Virgen y preguntarnos, ¿cómo haría Ella
esto?
Volver