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Nuestra Señora de
Fátima
Cardenal Joseph
Ratzinger
Comentario Teológico
del Cardenal
Ratzinger en Relación
a
la 3era. Parte
del
Secreto de
Fátima
El Comentario Teológico
del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe está dividido en tres
partes: Revelación pública y revelaciones privadas, su lugar teológico; La
estructura antropológica de las revelaciones privadas; Un intento de
interpretación del secreto de Fátima.
1)
"El término 'revelación pública' designa la acción reveladora de Dios destinada
a toda la humanidad, que ha encontrado su expresión literaria en las dos partes
de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo Testamento. Se llama 'revelación' porque en
ella Dios se ha dado a conocer progresivamente a los hombres, hasta el punto de
hacerse él mismo hombre, para atraer a sí y para reunir en sí a todo el mundo
por medio del Hijo encarnado, Jesucristo.
En Cristo Dios ha dicho todo,
es decir, se ha manifestado a sí mismo y, por lo tanto, la revelación ha
concluido con la realización del misterio de Cristo que ha encontrado su
expresión en el Nuevo Testamento".
2)La "revelación privada", en cambio,
"se refiere a todas las visiones y revelaciones que tienen lugar una vez
terminado el Nuevo Testamento; es ésta la categoría dentro de la cual debemos
colocar el mensaje de Fátima.
La autoridad de las revelaciones privadas
-prosigue el cardenal Ratzinger- es esencialmente diversa de la única revelación
pública: ésta exige nuestra fe". La revelación privada, en cambio, "es una ayuda
para la fe, y se manifiesta como creíble precisamente porque remite a la única
revelación pública".
Citando al teólogo flamenco E. Dhanis, el prefecto
para la Fe afirma que "la aprobación eclesiástica de una revelación privada
contiene tres elementos: el mensaje en cuestión no contiene nada que vaya contra
la fe y las buenas costumbres; es lícito hacerlo público, y los fieles están
autorizados a darle en forma prudente su adhesión". "Un mensaje así puede ser
una ayuda válida para comprender y vivir mejor el Evangelio en el momento
presente; por esto no se debe descartar. Es una ayuda que se ofrece, pero no es
obligatorio hacer uso de la misma".
El cardenal Ratzinger subraya también
que "la profecía en el sentido de la Biblia no quiere decir predecir el futuro,
sino explicar la voluntad de Dios para el presente, lo cual muestra el recto
camino hacia el futuro".
La parte más importante del Comentario Teológico
está dedicada a "un intento de
interpretación
del secreto de Fátima". Del mismo modo que la palabra clave de la primera y de
la segunda parte del "secreto" es la de "salvar almas", "la palabra clave de
este 'secreto' es el triple grito: '¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!'. Viene
a la mente el comienzo del Evangelio: 'paenitemini et credite evangelio' (Mc
1,15). Comprender los signos de los tiempos significa comprender la urgencia de
la penitencia, de la conversión y de la fe. Esta es la respuesta adecuada al
momento histórico, que se caracteriza por grandes peligros y que serán descritos
en las imágenes sucesivas. Me permito insertar aquí un recuerdo personal: en una
conversación conmigo, Sor Lucia me dijo que le resultaba cada vez más claro que
el objetivo de todas las apariciones era el de hacer crecer siempre más en la
fe, en la esperanza y en la caridad. Todo el resto era sólo para conducir a
esto".
3) Después, el prefecto de la Congregación para la Fe pasa revista
a las "imágenes" del secreto. "El ángel con la espada de fuego a la derecha de
la Madre de Dios recuerda imágenes análogas en el Apocalipsis. Representa la
amenaza del juicio que incumbe sobre el mundo. La perspectiva de que el mundo
podría ser reducido a cenizas en un mar de llamas, hoy no es considerada
absolutamente pura fantasía: el hombre mismo ha preparado con sus inventos la
espada de fuego".
"La visión muestra después la fuerza que se opone al
poder de destrucción: el esplendor de la Madre de Dios, y proveniente siempre de
él, la llamada a la penitencia. De este modo se subraya la importancia de la
libertad del hombre: el futuro no está determinado de un modo inmutable, y la
imagen que vieron los niños no es una película anticipada del futuro, de la cual
nada podría cambiarse. En realidad, toda la visión tiene lugar sólo para llamar
la atención sobre la libertad y para dirigirla en una dirección positiva. (...)
Su sentido es el de movilizar las fuerzas del cambio hacia el bien. Por eso
están totalmente fuera de lugar las explicaciones fatalísticas del 'secreto' que
dicen que el atentador del 13 de mayo de 1981 habría sido en definitiva un
instrumento de la Providencia. (...) La visión habla más bien de los peligros y
del camino para salvarse de los mismos".
Pasando a las siguientes
imágenes, "el lugar de la acción -explica el cardenal Ratzinger- aparece
descrito con tres símbolos: una montaña escarpada, una gran ciudad medio en
ruinas, y finalmente una gran cruz de troncos rústicos. Montaña y ciudad
simbolizan el lugar de la historia humana: la historia como costosa subida hacia
lo alto, la historia como lugar de la humana creatividad y de la convivencia,
pero al mismo tiempo como lugar de las destrucciones, en las que el hombre
destruye la obra de su propio trabajo (...) Sobre la montaña está la cruz, meta
y punto de orientación de la historia. En la cruz la destrucción se transforma
en salvación; se levanta como signo de la miseria de la historia y como promesa
para la misma".
"Aparecen después aquí personas humanas: el Obispo
vestido de blanco ('hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo
Padre'), otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y, finalmente,
hombres y mujeres de todas las clases y estratos sociales. El Papa parece que
precede a los otros, temblando y sufriendo por todos los horrores que lo rodean.
No sólo las casas de la ciudad están medio en ruinas, sino que su camino
pasa
en medio de los cuerpos de los muertes. El camino de la Iglesia se
describe así como un via crucis,
como camino en un tiempo de violencia, de destrucciones y de persecuciones. En
esta imagen, se puede ver representada la historia de todo un siglo. Del mismo
modo que los lugares de la tierra están sintéticamente representados en las dos
imágenes de la montaña y de la ciudad, y están orientados hacia la cruz, también
los tiempos son representados de forma compacta".
"En la visión podemos
reconocer el siglo pasado como siglo de los mártires, como siglo de los
sufrimientos y de las persecuciones contra la Iglesia, como el siglo de las
guerras mundiales y de muchas guerras locales que han llenado toda su segunda
mitad y han hecho experimentar nuevas formas de crueldad. En el 'espejo' de esta
visión vemos pasar a los testigos de la fe de decenios".
El prefecto de
la Congregación de
la Doctrina de la Fe afirma también que en el via crucis de
este siglo "la figura del Papa tiene un papel especial. En su fatigoso subir a
la montaña podemos encontrar indicados con seguridad juntos diversos Papa, que
empezando por Pío X hasta el Papa actual han compartido los sufrimientos de este
siglo y se han esforzado por avanzar entre ellos por el camino que lleva a la
cruz. En la visión también el Papa es matado en el camino de los mártires )No
podía el Santo Padre, cuando después del atentado del 13 de mayo de 1981 se hizo
llevar el texto de la tercera parte del 'secreto', reconocer en él su propio
destino? Había estado muy cerca de las puertas de la muerte y él mismo explicó
el haberse salvado con las siguientes palabras: 'fue una mano materna la que
guió la trayectoria de la bala y el Papa agonizante se detuvo en el umbral de la
muerte' (13 de mayo de 1994). Que 'una mano materna' haya desviado la bala
mortal muestra sólo una vez más que no existe un destino inmutable, que la fe y
la oración son poderosas, que pueden influir en la historia y, que al final, la
oración es más fuerte que las balas, la fe más potente que las
divisiones".
La conclusión del secreto, prosigue el cardenal Ratzinger,
"recuerda imágenes que Lucía puede haber visto en libros piadosos, y cuyo
contenido deriva de antiguas intuiciones de fe. Es una visión consoladora, que
quiere hacer maleable por el poder salvador de Dios una historia de sangre y
lágrimas. Los ángeles recogen bajo los brazos de la cruz la sangre de los
mártires y riegan con ella las almas que se acercan a Dios. La sangre de Cristo
y la sangre de los mártires están aquí consideradas juntas: la sangre de los
mártires fluye de los brazos de la cruz. Su martirio se lleva a cabo de manera
solidaria con la pasión de Cristo y se convierte en una sola cosa con
ella".
"La visión de la tercera parte del secreto tan angustiosa en su
comienzo, se concluye pues con una imagen de esperanza: ningún sufrimiento es
vano y, precisamente una Iglesia sufriente, una Iglesia de mártires, se
convierte en señal orientadora para la búsqueda de Dios por parte del hombre
(...) del sufrimiento de los testigos deriva una fuerza de purificación y de
renovación, porque es actualización del sufrimiento mismo de Cristo y transmite
en el presente su eficacia salvífica".
¿Qué
significa en su conjunto (en sus tres partes), el "secreto" de Fátima?, se
pregunta por último el cardenal Ratzinger. "Ante todo debemos afirmar con el
cardenal Sodano: 'los acontecimientos a los que se refiere la tercera parte del
'secreto' de Fátima parecen pertenecer ya al pasado'. En la medida en que se
refiere a acontecimientos concretos ya pertenecen al pasado. Quien había
esperado impresionantes revelaciones apocalípticas sobre el fin del mundo o
sobre el curso futuro de la historia se desilusionará. Fátima no nos ofrece este
tipo de satisfacción de nuestra curiosidad, lo mismo que la fe cristiana no
quiere y no puede ser un mero alimento para nuestra curiosidad. Lo que queda de
válido lo hemos visto de inmediato al inicio de nuestras reflexiones sobre el
texto del 'secreto': la exhortación a la oración como camino para la 'salvación
de las almas' y, en el mismo sentido, la llamada a la penitencia y a la
conversión".
"Quisiera al final volver aún sobre otra palabra clave del
'secreto', que con razón se ha hecho famosa: 'mi Corazón Inmaculado
triunfará'.¿Qué quiere decir esto? Que el corazón abierto a Dios, purificado por
la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de
arma. El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del
mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque gracias a este
'sí' Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y así permanece ahora y para
siempre. El maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo experimentamos
continuamente; él tiene poder porque nuestra libertad se deja alejar
continuamente de Dios".
"Pero desde que Dios mismo tiene corazón humano y
de ese modo ha dirigido la libertad del hombre hacia el bien, hacia Dios, la
libertad hacia el mal ya no tiene la última palabra. Desde aquel momento cobran
todo su valor las palabras de Jesús: 'padeceréis tribulaciones en el mundo, pero
tened confianza; yo he vencido al mundo' (Jn 16,33). El mensaje de Fátima nos
invita a confiar en esta promesa"..
Fátima:
Historia de la Aparición
La aparición de la Santísima Virgen
en Fátima ha sido uno de los acontecimientos marianos más
importantes de la historia. Entérate de la historia tal y como
ocurrió.
En 1917, en el
momento de las apariciones, Fátima era una ciudad desconocida de 2.500
habitantes, situada a 800 metros de altura y a 130 kilómetros al norte de
Lisboa, casi en el centro de Portugal. Hoy Fátima es famosa en todo el mundo y
su santuario lo visitan innumerables devotos.
Allí, la Virgen se
manifestó a niños de corta edad: Lucía, de diez años, aún viva; Francisco, su
primo, de nueve años, un jovencito tranquilo y reflexivo, y Jacinta, hermana
menor de Francisco, muy vivaz y afectuosa. Tres niños campesinos muy normales,
que no sabían ni leer ni escribir, acostumbrados a llevar a pastar a las ovejas
todos los días. Niños buenos, equilibrados, serenos, valientes, con familias
atentas y premurosas. Los tres habían recibido en casa una primera
instrucción religiosa, pero sólo Lucía había hecho ya la primera comunión.
Las apariciones estuvieron precedidas por un "preludio angélico": un
episodio amable, ciertamente destinado a preparar a los pequeños para lo que
vendría.
Lucía misma, en el libro Lucia racconta Fátima (Editrice
Queriniana, Brescia 1977 y 1987) ha relatado el orden de los hechos, que al
comienzo sólo la tuvieron a ella como testigo. Era la primavera de 1915, dos
años antes de las apariciones, y Lucía estaba en el campo junto a tres amigas. Y
esta fue la primera manifestación del ángel:
Sería más o menos mediodía,
cuando estábamos tomando la merienda. Luego, invité a mis compañeras a recitar
conmigo el rosario, cosa que aceptaron gustosas. Habíamos apenas comenzado,
cuando vimos ante nosotros, como suspendida en el aire, sobre el bosque, una
figura, como una estatua de nieve, que los rayos del sol hacían un poco
transparente. "¿Qué es eso?", preguntaron mis compañeras, un poco atemorizadas.
"No lo sé". Continuamos nuestra oración, siempre con los ojos fijos en aquella
figura, que desapareció justo cuando terminábamos (ibíd., p. 45).
El
hecho se repitió tres veces, siempre, más o menos, en los mismos términos, entre
1915 y 1916. Llegó 1917, y Francisco y Jacinta obtuvieron de sus padres el
permiso de llevar también ellos ovejas a pastar; así cada mañana los tres primos
se encontraban con su pequeño rebaño y pasaban el día juntos en campo abierto.
Una mañana fueron sorprendidos por una ligera lluvia, y para no mojarse se
refugiaron en una gruta que se encontraba en medio de un olivar. Allí comieron,
recitaron el rosario y se quedaron a jugar hasta que salió de nuevo el sol. Con
las palabras de Lucía, los hechos sucedieron así:
... Entonces un viento
fuerte sacudió los árboles y nos hizo levantar los ojos... Vimos entonces que
sobre el olivar venía hacia nosotros aquella figura de la que ya he hablado.
Jacinta y Francisco no la habían visto nunca y yo no les había hablado de ella.
A medida que se acercaba, podíamos ver sus rasgos: era un joven de catorce o
quince años, más blanco que si fuera de nieve, el sol lo hacía transparente como
de cristal, y era de una gran belleza. Al llegar junto a nosotros dijo: "No
tengan miedo. Soy el ángel de la paz. Oren conmigo". Y arrodillado en la tierra,
inclinó la cabeza hasta el suelo y nos hizo repetir tres veces estas palabras:
"Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen,
no adoran, no esperan y no te aman". Luego, levantándose, dijo: "Oren así. Los
corazones de Jesús y María están atentos a la voz de sus súplicas". Sus palabras
se grabaron de tal manera en nuestro espíritu, que jamás las olvidamos y, desde
entonces, pasábamos largos períodos de tiempo prosternados, repitiéndolas hasta
el cansancio (ibíd, p. 47). En el prefacio al libro de Lucía, el padre
Antonio María Martins anota con mucha razón que la oración del ángel "es de una
densidad teológica tal" que no pudo haber sido inventada por unos niños carentes
de instrucción. "Ha sido ciertamente enseñada por un mensajero del Altísimo",
continúa el estudioso. "Expresa actos de fe, adoración, esperanza y amor a Dios
Uno y Trino".
Durante el verano el ángel se presentó una vez más a los
niños, invitándolos a ofrecer sacrificios al Señor por la conversión de los
pecadores y explicándoles que era el ángel custodio de su patria, Portugal.
Pasó el tiempo y los tres niños fueron de nuevo a orar a la gruta donde por
primera vez habían visto al ángel. De rodillas, con la cara hacia la tierra, los
pequeños repiten la oración que se les enseñó, cuando sucede algo que llama su
atención: una luz desconocida brilla sobre ellos. Lucía lo cuenta así:
Nos levantamos para ver qué sucedía, y vimos al ángel, que tenía en la
mano izquierda un cáliz, sobre el que estaba suspendida la hostia, de la que
caían algunas gotas de sangre adentro del cáliz.
El ángel dejó
suspendido el cáliz en el aire, se acercó a nosotros y nos hizo repetir tres
veces: "Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te ofrezco el
preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo...". Luego se
levantó, tomó en sus manos el cáliz y la hostia; me dio la hostia santa y el
cáliz lo repartió entre Jacinta y Francisco... (ibíd., p. 48).
El ángel
no volvió más: su tarea había sido evidentemente la de preparar a los niños para
los hechos grandiosos que les esperaban y que tuvieron inicio en la primavera de
1917, cuarto año de la guerra, que vio también la revolución bolchevique.
El 13 de mayo era domingo anterior a la Ascensión. Lucía, Jacinta y
Francisco habían ido con sus padres a misa, luego habían reunido sus ovejas y se
habían dirigido a Cova da Iria, un pequeño valle a casi tres kilómetros de
Fátima, donde los padres de Lucía tenían un cortijo con algunas encinas y
olivos.
Aquí, mientras
jugaban, fueron asustados por un rayo que surcó el cielo azul: temiendo que
estallara un temporal, decidieron volver, pero en el camino de regreso, otro
rayo los sorprendió, aún más fulgurante que el primero. Dice Lucía:
A
los pocos pasos, vimos sobre una encina a una Señora, toda vestida de blanco,
más brillante que el sol, que irradiaba una luz más clara e intensa que la de un
vaso de cristal lleno de agua cristalina, atravesada por los rayos del sol más
ardiente. Sorprendidos por la aparición, nos detuvimos. Estábamos tan cerca que
nos vimos dentro de la luz que la rodeaba o que ella difundía. Tal vez a un
metro o medio de distancia, más o menos... (ibíd., p. 118).
La Señora
habló con voz amable y pidió a los niños que no tuvieran miedo, porque no les
haría ningún daño. Luego los invitó a venir al mismo sitio durante seis meses
consecutivos, el día 13 a la misma hora, y antes de desaparecer elevándose hacia
Oriente añadió: "Reciten la corona todos los días para obtener la paz del mundo
y el fin de la guerra".
Los tres habían visto a la Señora, pero sólo
Lucía había hablado con ella; Jacinta había escuchado todo, pero Francisco había
oído sólo la voz de Lucía. Lucía precisó después que las apariciones de la
Virgen no infundían miedo o temor, sino sólo "sorpresa": se habían asustado más
con la visión del ángel.
En casa, naturalmente, no les creyeron y, al
contrario, fueron tomados por mentirosos; así que prefirieron no hablar más de
lo que habían visto y esperaron con ansia, pero con el corazón lleno de alegría,
que llegara el 13 de junio.
Ese día los pequeños llegaron a la encina
acompañados de una cincuentena de curiosos. La aparición se repitió y la Señora
renovó la invitación a volver al mes siguiente y a orar mucho. Les anunció que
se llevaría pronto al cielo a Jacinta y Francisco, mientras Lucía se quedaría
para hacer conocer y amar su Corazón Inmaculado. A Lucía, que le preguntaba si
de verdad se quedaría sola, la Virgen respondió: "No te desanimes. Yo nunca te
dejaré. Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te conducirá hasta
Dios". Luego añade Lucía en su libro:
En el instante en que dijo estas
últimas palabras, abrió las manos y nos comunicó el reflejo de aquella luz
inmensa. En ella nos veíamos como inmersos en Dios. Jacinta y Francisco parecían
estar en la parte de la luz que se elevaba al cielo y yo en la que se difundía
sobre la tierra. En la palma de la mano derecha de la Virgen había un corazón
rodeado de espinas, que parecían clavarse en él. Comprendimos que era el Corazón
Inmaculado de María, ultrajado por los pecados de la humanidad, y que pedía
reparación (ibíd., p. 121). Cuando la Virgen desapareció hacia Oriente,
todos los presentes notaron que las hojas de las encinas se habían doblado en
esa dirección; también habían visto el reflejo de la luz que irradiaba la Virgen
sobre el rostro de los videntes y cómo los transfiguraba.
El hecho no
pudo ser ignorado: en el pueblo no se hablaba de otra cosa, naturalmente, con
una mezcla de maravilla e incredulidad.
La mañana del 13 de julio,
cuando los tres niños llegaron a Cova da Iria, encontraron que los esperaban al
menos dos mil personas La Virgen se apareció a mediodía y repitió su invitación
a la penitencia y a la oración. Solicitada por sus padres, Lucía tuvo el valor
de preguntarle a la Señora quién era; y se atrevió a pedirle que hiciera un
milagro que todos pudieran ver. Y la Señora prometió que en octubre diría quién
era y lo que quería y añadió que haría un milagro que todos pudieran ver y que
los haría creer. Antes de alejarse, la Virgen mostró a los niños los
horrores del infierno (esto, sin embargo, se supo muchos años después, en 1941,
cuando Lucía, por orden de sus superiores escribió las memorias recogidas en el
libro ya citado. En ese momento, Lucía y sus primos no hablaron de esta visión
en cuanto hacía parte de los secretos confiados a ellos por la Virgen, cuya
tercera parte aún se ignora) y dijo que la guerra estaba por terminar, pero que
si los hombres no llegaban a ofender a Dios, bajo el pontificado de Pío XII
estallaría una peor.
Cuando vean una noche iluminada por una luz
desconocida, sabrán que es el gran signo que Dios les da de que está por
castigar al mundo a causa de sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y
de la persecución a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, quiero pedirles
la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la comunión reparadora los
primeros sábados. Si cumplen mi petición, Rusia se convertirá y vendrá la paz.
Si no, se difundirán en el mundo sus horrores, provocando guerras y
persecuciones a la Iglesia... Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará. El
Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y se le concederá al mundo
un período de paz... (ibíd., p. 122).
Después de esta aparición, Lucía
fue interrogada de modo muy severo por el alcalde, pero no reveló a ninguno los
secretos confiados por la Virgen.
El 13 de agosto, la multitud en Cova
era innumerable: los niños, sin embargo, no llegaron. A mediodía en punto, sobre
la encina, todos pudieron ver el relámpago y la pequeña nube luminosa. ¡La
Virgen no había faltado a su cita! ¿Qué había sucedido? Los tres pastorcitos
habían sido retenidos lejos del lugar de las apariciones por el alcalde, que con
el pretexto de acercarlos en auto, los había llevado a otro lado, a la casa
comunal, y los había amenazado con tenerlos prisioneros si no le revelaban el
secreto. Ellos callaron, y permanecieron encerrados. Al día siguiente hubo un
interrogatorio con todas las de la ley, y con otras amenazas, pero todo fue
inútil, los niños no abandonaron su silencio.
Finalmente liberados, los
tres pequeños fueron con sus ovejas a Cova da Iria el 19 de agosto, cuando, de
repente, la luz del día disminuyó, oyeron el relámpago y la Virgen apareció:
pidió a los niños que recitaran el rosario y se sacrificaran para redimir a los
pecadores. Pidió también que se construyera una capilla en el lugar.
Los
tres pequeños videntes, profundamente golpeados por la aparición de la Virgen,
cambiaron gradualmente de carácter: no más juegos, sino oración y ayuno. Además,
para ofrecer un sacrificio al Señor se prepararon con un cordel tres cilicios
rudimentarios, que llevaban debajo de los vestidos y los hacían sufrir mucho.
Pero estaban felices, porque ofrecían sus sufrimientos por la conversión de los
pecadores.
El 13 de septiembre, Cova estaba atestada de personas
arrodilladas en oración: más de veinte mil. A mediodía el sol se veló y la
Virgen se apareció acompañada de un globo luminoso: invitó a los niños a orar, a
no dormir con los cilicios, y repitió que en octubre se daría un milagro. Todos
vieron que una nube cándida cubría a la encina y a los videntes. Luego
reapareció el globo y la Virgen desapareció hacia Oriente, acompañada de una
lluvia, vista por todos, de pétalos blancos que se desvanecieron antes de tocar
tierra. En medio de la enorme emoción general, nadie dudaba que la Virgen en
verdad se había aparecido.
El 13 de octubre es el día del anunciado
milagro. En el momento de la aparición se llega a un clima de gran tensión.
Llueve desde la tarde anterior. Cova da Iria es un enorme charco, pero no
obstante miles de personas pernoctan en el campo abierto para asegurar un buen
puesto.
Justo al mediodía, la Virgen aparece y pide una vez más una
capilla y predice que la guerra terminará pronto. Luego alza las manos, y Lucía
siente el impulso de gritar que todos miren al sol. Todos vieron entonces que la
lluvia cesó de golpe, las nubes se abrieron y el sol se vio girar
vertiginosamente sobre sí mismo proyectando haces de luz de todos los colores y
en todas direcciones: una maravillosa danza de luz que se repitió tres veces.
La impresión general, acompañada de enorme estupor y preocupación, era
que el sol se había desprendido del cielo y se precipitaba a la tierra. Pero
todo vuelve a la normalidad y la gente se da cuenta de que los vestidos, poco
antes empapados por el agua, ahora están perfectamente secos. Mientras tanto la
Virgen sube lentamente al cielo en la luz solar, y junto a ella los tres
pequeños videntes ven a san José con el Niño. Sigue un enorme entusiasmo:
las 60.000 personas presentes en Cova da Iria tienen un ánimo delirante, muchos
se quedan a orar hasta bien entrada la noche.
Las apariciones se
concluyen y los niños retoman su vida de siempre, a pesar de que son asediados
por la curiosidad y el interés de un número siempre mayor de personas: la fama
de Fátima se difunde por el mundo. Entre tanto las predicciones de la Virgen
se cumplen: al final de 1918 una epidemia golpea a Fátima y mina el organismo de
Francisco y Jacinta. Francisco muere santamente en abril del año siguiente como
consecuencia del mal, y Jacinta en 1920, después de muchos sufrimientos y de una
dolorosísima operación.
En 1921, Lucía entra en un convento y en 1928
pronuncia los votos. Será sor María Lucía de Jesús. Custodia de los
secretos, Lucía ha revelado sólo dos: el primero trata de la visión horrible del
infierno, el segundo de la difusión del ateísmo en el mundo a causa del
bolchevismo y la segunda guerra mundial. Esta, había dicho la Virgen, estaría
precedida por un gran signo: en efecto, la noche entre el 24 y el 25 de enero de
1939, víspera de la guerra, se vio en todos lados, también en Italia, un cielo
rojo con resplandores blancos, que fue llamado "aurora boreal".
Sor
Lucía vive aún y es monja carmelita en Coimbra, Portugal.
Se sabe que,
luego de concluir el ciclo de Fátima, Lucía ha tenido otras apariciones de la
Virgen (en 1923, 1925 y 1929), que le ha pedido la devoción de los primeros
sábados y la consagración de Rusia.
En Fátima las peticiones de la
Virgen han sido atendidas (proceso
canónico de las apariciones) y el 13
de octubre se hizo pública la sentencia de los juicios encargados de valorar los
hechos: "Las manifestaciones ocurridas en Cova da Iria son dignas de fe y, en
consecuencia, se permite el culto público a la Virgen de Fátima". También
los papas, de Pío XII a Juan Pablo II, han estimado mucho a Fátima y su mensaje.
Movido por una carta de sor Lucía, Pío XII consagraba el mundo al Corazón
Inmaculado de María el 31 de octubre de 1942. Pablo VI hizo referencia explícita
a Fátima con ocasión de la clausura de la tercera sesión del Concilio Vaticano
II. Juan Pablo II fue personalmente a Fátima el 12 de mayo de 1982: en su
discurso agradeció a la Madre de Dios por su protección justamente un año antes,
cuando se atentó contra su vida en la plaza de San Pedro.
Con el tiempo,
se han construido en Fátima una grandiosa basílica, un hospital y una casa para
ejercicios espirituales. Junto a Lourdes, Fátima es uno de los santuarios
marianos más importantes y visitados del mundo.
El Vaticano y
la
Tercera Parte del Secreto
Aclaraciones importantes antes de
la revelación de la
tercera parte del Secreto. Son las palabras que
dirigió el Cardenal Sodano a petición expresa del Papa Juan Pablo II.
CIUDAD DEL VATICANO,
13 MAY 2000 (VIS).-Al final de la misa de esta mañana en el Santuario de Fátima
(Portugal), donde el Papa beatificó a los pastorcitos, Jacinta y Francisco, el
cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado, leyó en portugués un texto
relativo al tercer secreto de Fátima. Sigue el texto íntegro del cardenal
Sodano:
"Al concluir esta solemne celebración, siento el deber de
presentar a nuestro amado Santo Padre Juan Pablo II la felicitación más cordial,
en nombre de todos los presentes, por su próximo 80 cumpleaños, agradeciéndole
su valioso ministerio pastoral en favor de toda la Santa Iglesia de Dios.
"En la solemne circunstancia de su venida a Fátima, el Sumo Pontífice me
ha encargado daros un anuncio. Como es sabido, el objetivo de su venida a Fátima
ha sido la beatificación de los dos "pastorinhos". Sin embargo, quiere atribuir
también a esta peregrinación suya el valor de un renovado gesto de gratitud
hacia la Virgen por la protección que le ha dispensado durante estos años de
pontificado. Es una protección que parece que guarde relación también con la
llamada "tercera parte" del secreto de Fátima.
"Este texto es una visión
profética comparable a la de la Sagrada Escritura, que no describe con sentido
fotográfico los detalles de los acontecimientos futuros, sino que sintetiza y
condensa sobre un mismo fondo hechos que se prolongan en el tiempo en una
sucesión y con una duración no precisadas. Por tanto, la clave del lectura del
texto ha de ser de carácter simbólico.
"La visión de Fátima tiene que ver
sobre todo con la lucha de los sistemas ateos contra la Iglesia y los
cristianos, y describe el inmenso sufrimiento de los testigos de la fe del
último siglo del segundo milenio. Es un interminable Via Crucis dirigido por los
Papas del Siglo XX.
"Según la interpretación de los "pastorinhos",
interpretación confirmada recientemente por Sor Lucia, el "Obispo vestido de
blanco" che ora por todos los fieles es el Papa. También él, caminando con
fatiga hacia la Cruz entre los cadáveres de los martirizados (obispos,
sacerdotes, religiosos, religiosas y numerosos laicos), cae a tierra como
muerto, bajo los disparos de arma de fuego.
"Después del atentado del 13
de mayo de 1981, a Su Santidad le pareció claro que había sido "una mano materna
quien guió la trayectoria de la bala", permitiendo al "Papa agonizante" que se
detuviera "a las puertas de la muerte". Con ocasión de una visita a Roma del
entonces Obispo de Leiria-Fátima, el Papa decidió entregarle la bala, que quedó
en el jeep después del atentado, para que se custodiase en el Santuario. Por
iniciativa del Obispo, la misma fue después engarzada en la corona de la imagen
de la Virgen de Fátima.
"Los sucesivos acontecimientos del año 1989 han
llevado, tanto en la Unión Soviética como en numerosos Países del Este, a la
caída del régimen comunista que propugnaba el ateísmo. También por esto el Sumo
Pontífice le está agradecido a la Virgen desde lo profundo del corazón. Sin
embargo, en otras partes del mundo los ataques contra la Iglesia y los
cristianos, con la carga de sufrimiento que conllevan, desgraciadamente no han
cesado. Aunque las vicisitudes a las que se refiere la tercera parte del secreto
de Fátima parecen ya pertenecer al pasado, la llamada de la Virgen a la
conversión y a la penitencia, pronunciada al inicio del siglo XX, conserva
todavía hoy una estimulante actualidad. "La Señora del mensaje parecía leer con
una perspicacia especial los signos de los tiempos, los signos de nuestros
tiempos (...). La invitación insistente de María santísima a la penitencia es la
manifestación de su solicitud materna por el destino de la familia humana,
necesitada de conversión y perdón".
"Para permitir que los fieles
reciban mejor el mensaje de la Virgen de Fátima, el Papa ha confiado a la
Congregación para la Doctrina de la Fe la tarea de hacer pública la tercera
parte del secreto, después de haber preparado un oportuno comentario.
"Agradecemos a la Virgen de Fátima su protección. A su materna
intercesión confiamos la Iglesia del Tercer Milenio.
""Sub tuum
praesidium confugimus, Santa Dei Genetrix!".
""Intercede pro Ecclesia
Dei! Intercede pro Sancto Patre Iohanne Paolo II! Amen"".
Los Niños Videntes
de Fátima
Los protagonistas
de las apariciones de Fátima, unos niños pequeños que tuvieron el extraordinario
encuentro.
LUCÍA DE JESUS
La principal
protagonista de las apariciones, nació el 22 de Marzo de 1907. en Aljustrel,
perteneciente a la parroquia de Fátima.
El día 17 de Junio de 1921
ingresó en el Asilo de Vilar (Porte), dirigido por las religiosas de Santa
Dorotea. Después fue para
Tuy, donde tomó el hábito y le pusieron el nombre de Maria Lucia de Los Dolores.
Hizo su profesión religiosa de votes temporales el 3 de Octubre de 1928 y el
3 de Octubre 1934 los perpetuos. En
el día 24 de
Marzo de 1948 ingresó en el Carmelo de Santa Teresa en Coimbra, tomando el
nombre de Hna. Maria
Lucia del Corazón Inmaculado.
En el diía 1 de
Mayo de 1949 hizo sus votes solemnes. La Hna. Lucia vine a Fátima
varias veces:
el 22 de Mayo de 1946; el 13 de Mayo de 1967; en 1981 para dirigir en el Carmelo
de Fátima un trabajo de pintura sobre Las apariciones; el 13 de Mayo de 1982 y
el 13 de Mayo de 1991.
FRANCISCO MARTO
Nació el 11 de
Junio de 1908 en Aljustrel. Murió santamente
el 4 de Abril de 1919, en casa de sus padres. Siendo muy sensible y
contemplativa, orientó toda su oración y penitencia para "consolar a Nuestro
Señor". Sus restos mortales quedaron sepultados en el cementerio parroquial
hasta el
día 13 de
Marzo de 1952, fecha en que fueron trasladados para la Basílica de
Cova da Iria (la de
derecho según se entra).
JACINTA MARTO
Nació en
Aljustrel, el dia 11 de Marzo de 1910. Murió santamente el 20 de Febrero de
1920, en el Hospital de "D. Estefânia", en Lisboa, después de una
larga y
dolorosa enfermedad, ofreciendo todos sus sufrimientos par la conversión de Los
pecadores, par la paz del mundo y par el Santo Padre.
El día 12 de
Septiembre de 1935 fue
solemnemente trasladado su cadáver del sepulcro de la familia del Barón de
Alvaiázere, en Ourém, para el cementerio de Fátima y colocado junta a los restos
mortales de su hermanito Francisco.
El dia 1 de Mayo de 1951 se efectuó
con la mayor sencillez, el traslado de sus restos mortales para el nuevo
sepulcro preparado en la basílica de
Cova de Iría,
(lado
izquierdo según se
entra). El proceso de beatificación de los dos videntes de Fátima, Francisco
y Jacinta Marto, después de las primeras diligencias hechas en 1945
fue iniciado
en 1952 y concluido en 1979.
E1 15 de Febrero de 1988 fue
entregada al Santo Padre Juan Pablo II y a la Congregación para la causa de los
Santos, la documentación final que podrá llevar al Santo Padre a proclamar
"beatos" a los videntes de Fátima. Mientras tanto ya fueron declarados
"venerables" por esta misma Congregación, por Decreto del 13 de Mayo de 1989. El
último paso será, como esperamos la Canonización par la cual serán declarados
"Santos".
Las 3
Partes del
Secreto de
Fátima
Aquí están las
tres partes de los mensajes (conocido como secreto) que dió la Santísima Virgen
en las apariciones en Fátima.
PRIMERA Y SEGUNDA
PARTE DEL «SECRETO»
EN LA
REDACCIÓN HECHA POR SOR LUCÍA EN LA « TERCERA MEMORIA » DEL 31 DE AGOSTO DE
1941 DESTINADA AL OBISPO DE LEIRIA-FÁTIMA
Tendré que hablar algo
del secreto, y responder al primer punto interrogativo.
¿Qué es el
secreto? Me parece que lo puedo decir, pues ya tengo licencia del Cielo. Los
representantes de Dios en la tierra me han autorizado a ello varias veces y en
varias cartas; juzgo que V. Excia. Rvma. conserva una de ellas, del R. P. José
Bernardo Gonçalves, aquella en que me manda escribir al Santo Padre. Uno de los
puntos que me indica es la revelación del secreto. Sí, ya dije algo; pero, para
no alargar más ese escrito que debía ser breve, me limité a lo indispensable,
dejando a Dios la oportunidad de un momento más favorable.
Pues bien; ya
expuse en el segundo escrito, la duda que, desde el 13 de junio al 13 de julio,
me atormentó; y cómo en esta aparición todo se desvaneció.
Ahora bien, el
secreto consta de tres partes distintas, de las cuales voy a revelar
dos.
La primera fue, pues, la visión del infierno .
Nuestra
Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra.
Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas
transparentes y negras o bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el
incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con
nubes de humo que caían hacia todos los lados, parecidas al caer de las pavesas
en los grandes incendios, sin equilibrio ni peso, entre gritos de dolor y
gemidos de desesperación que horrorizaba y hacía estremecer de pavor. Los
demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales
espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros.
Esta visión fue
durante un momento, y ¡gracias a nuestra Buena Madre del Cielo, que antes nos
había prevenido con la promesa de llevarnos al Cielo! (en la primera aparición).
De no haber sido así, creo que hubiésemos muerto de susto y
pavor.
Inmediatamente levantamos los ojos hacia Nuestra Señora que nos
dijo con bondad y tristeza:
La Segunda Parte del Secreto
:
— Visteis el infierno a donde van las almas de los pobres
pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi
Inmaculado Corazón. Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y
tendrán paz. La guerra pronto terminará.
Pero si no dejaren de ofender a
Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche
iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de
que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre
y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.
Para impedirla,
vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión
reparadora de los Primeros Sábados. Si se atienden mis deseos, Rusia se
convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo
guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo
Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi
Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se
convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de
paz.
PRESENTACIÓN de la Tercera Parte del Secreto, por el
Arzobispo Bertone
En el tránsito del segundo al tercer milenio, Juan
Pablo II ha decidido hacer público el texto de la tercera parte del « secreto de
Fátima ».
Tras los dramáticos y crueles acontecimientos del siglo XX, uno
de los más cruciales en la historia del hombre, culminado con el cruento
atentado al « dulce Cristo en la Tierra », se abre así un velo sobre una
realidad, que hace historia y la interpreta en profundidad, según una dimensión
espiritual a la que la mentalidad actual, frecuentemente impregnada de
racionalismo, es refractaria.
Apariciones y signos sobrenaturales
salpican la historia, entran en el vivo de los acontecimientos humanos y
acompañan el camino del mundo, sorprendiendo a creyentes y no creyentes. Estas
manifestaciones, que no pueden contradecir el contenido de la fe, deben confluir
hacia el objeto central del anuncio de Cristo: el amor del Padre que suscita en
los hombres la conversión y da la gracia para abandonarse a Él con devoción
filial. Éste es también el mensaje de Fátima que, con un angustioso llamamiento
a la conversión y a la penitencia, impulsa en realidad hacia el corazón del
Evangelio.
Fátima es sin duda la más profética de las apariciones
modernas. La primera y la segunda parte del « secreto » —que se publican por
este orden por integridad de la documentación— se refieren sobre todo a la
aterradora visión del infierno, la devoción al Corazón Inmaculado de María, la
segunda guerra mundial y la previsión de los daños ingentes que Rusia, en su
defección de la fe cristiana y en la adhesión al totalitarismo comunista,
provocaría a la humanidad.
Nadie en 1917 podía haber imaginado todo esto:
los tres pastorinhos de Fátima ven, escuchan, memorizan, y Lucía, la testigo que
ha sobrevivido, lo pone por escrito en el momento en que recibe la orden del
Obispo de Leiria y el permiso de Nuestra Señora.
Por lo que se refiere la
descripción de las dos primeras partes del « secreto », por lo demás ya
publicado y por tanto conocido, se ha elegido el texto escrito por Sor Lucía en
la tercera memoria del 31 de agosto de 1941; después añade alguna anotación en
la cuarta memoria del 8 de diciembre de 1941.
La tercera parte del «
secreto » fue escrita « por orden de Su Excelencia el Obispo de Leiria y de la
Santísima Madre.... » el 3 de enero de 1944.
Existe un único manuscrito,
que se aquí se reproduce en facsímile. El sobre lacrado estuvo guardado primero
por el Obispo de Leiria. Para tutelar mejor el « secreto », el 4 de abril de
1957 el sobre fue entregado al Archivo Secreto del Santo Oficio. Sor Lucía fue
informada de ello por el Obispo de Leiria.
Según los apuntes del Archivo,
el 17 de agosto de 1959, el Comisario del Santo Oficio, Padre Pierre Paul
Philippe, O.P., de acuerdo con el Emmo. Card. Alfredo Ottaviani, llevó el sobre
que contenía la tercera parte del « secreto de Fátima » a Juan XXIII. Su
Santidad, « después de algunos titubeos », dijo: « Esperemos. Rezaré. Le haré
saber lo que decida ».1
En realidad, el Papa Juan XXIII decidió devolver
el sobre lacrado al Santo Oficio y no revelar la tercera parte del « secreto
».
Pablo VI leyó el contenido con el Sustituto, S. E. Mons. Angelo
Dell"Acqua, el 27 de marzo de 1965 y devolvió el sobre al Archivo del Santo
Oficio, con la decisión de no publicar el texto.
Juan Pablo II, por su
parte, pidió el sobre con la tercera parte del « secreto » después del atentado
del 13 de mayo de 1981.S. E. Card.Franjo Seper, Prefecto de la Congregación,
entregó el 18 de julio de 1981 a S. E. Mons. Martínez Somalo, Sustituto de la
Secretaría de Estado, dos sobres: uno blanco, con el texto original de Sor Lucía
en portugués, y otro de color naranja con la traducción del « secreto » en
italiano. El 11 de agosto siguiente, Mons. Martínez devolvió los dos sobres al
Archivo del Santo Oficio.2
Como es sabido, el Papa Juan Pablo II pensó
inmediatamente en la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María y
compuso él mismo una oración para lo que definió « Acto de consagración », que
se celebraría en la Basílica de Santa María la Mayor el 7 de junio de 1981,
solemnidad de Pentecostés, día elegido para recordar el 1600° aniversario del
primer Concilio Constantinopolitano y el 1550° aniversario del Concilio de
Éfeso. Estando ausente el Papa por fuerza mayor, se transmitió su alocución
grabada. Citamos el texto que se refiere exactamente al acto de
consagración:
« Madre de los hombres y de los pueblos, Tú
conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas, Tú sientes maternalmente todas
las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que sacuden al
mundo, acoge nuestro grito dirigido en el Espíritu Santo directamente a tu
Corazón y abraza con el amor de la Madre y de la Esclava del Señor a los que más
esperan este abrazo, y, al mismo tiempo, a aquellos cuya entrega Tú esperas de
modo especial. Toma bajo tu protección materna a toda la familia humana a la
que, con todo afecto a ti, Madre, confiamos. Que se acerque para todos el tiempo
de la paz y de la libertad, el tiempo de la verdad, de la justicia y de la
esperanza ».3
Pero el Santo Padre, para responder más plenamente a las
peticiones de « Nuestra Señora », quiso explicitar durante el Año Santo de la
Redención el acto de consagración del 7 de junio de 1981, repetido en Fátima el
13 de mayo de 1982. Al recordar el fiat pronunciado por María en el momento de
la Anunciación, en la plaza de San Pedro el 25 de marzo de 1984, en unión
espiritual con todos los Obispos del mundo, precedentemente « convocados », el
Papa consagra a todos los hombres y pueblos al Corazón Inmaculado de María, en
un tono que evoca las angustiadas palabras pronunciadas en 1981.
« Y por
eso, oh Madre de los hombres y de los pueblos, Tú que conoces todos sus
sufrimientos y esperanzas, tú que sientes maternalmente todas las luchas entre
el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que invaden el mundo
contemporáneo, acoge nuestro grito que, movidos por el Espíritu Santo, elevamos
directamente a tu corazón: abraza con amor de Madre y de Sierva del Señor a este
mundo humano nuestro, que te confiamos y consagramos, llenos de inquietud por la
suerte terrena y eterna de los hombres y de los pueblos.
De modo especial
confiamos y consagramos a aquellos hombres y aquellas naciones, que tienen
necesidad particular de esta entrega y de esta consagración.
¡“Nos
acogemos a tu protección, Santa Madre de Dios”!
¡No deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades! ».
Acto seguido, el Papa
continúa con mayor fuerza y con referencias más concretas, comentando casi el
triste cumplimiento del Mensaje de Fátima:
« He aquí que, encontrándonos
hoy ante ti, Madre de Cristo, ante tu Corazón Inmaculado, deseamos, junto con
toda la Iglesia, unirnos a la consagración que, por amor nuestro, tu Hijo hizo
de sí mismo al Padre cuando dijo: “Yo por ellos me santifico, para que ellos
sean santificados en la verdad” (Jn 17, 19). Queremos unirnos a nuestro Redentor
en esta consagración por el mundo y por los hombres, la cual, en su Corazón
divino tiene el poder de conseguir el perdón y de procurar la
reparación.
El poder de esta consagracióndura por siempre, abarca a todos
los hombres, pueblos y naciones, y supera todo el mal que el espíritu de las
tinieblas es capaz de sembrar en el corazón del hombre y en su historia; y que,
de hecho, ha sembrado en nuestro tiempo.
¡Oh, cuán profundamente sentimos
la necesidad de consagración para la humanidad y para el mundo: para nuestro
mundo contemporáneo, en unión con Cristo mismo! En efecto, la obra redentora de
Cristo debe ser participada por el mundo a través de la Iglesia.
Lo
manifiesta el presente Año de la Redención, el Jubileo extraordinario de toda la
Iglesia.
En este Año Santo, bendita seas por encima de todas las
creaturas, tú, Sierva del Señor, que de la manera más plena obedeciste a la
llamada divina.
Te saludamos a ti, que estás totalmente unida a la
consagración redentora de tu Hijo.
Madre de la Iglesia: ilumina al Pueblo
de Dios en los caminos de la fe, de la esperanza y de la caridad. Ilumina
especialmente a los pueblos de los que tú esperas nuestra consagración y nuestro
ofrecimiento. Ayúdanos a vivir en la verdad de la consagración de Cristo por
toda la familia humana del mundo actual.
Al encomendarte, oh Madre, el
mundo, todos los hombres y pueblos, te confiamos también la misma consagración
del mundo, poniéndola en tu corazón maternal.
¡Corazón Inmaculado!
Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se arraiga en los
corazones de los hombres de hoy y que con sus efectos inconmensurables pesa ya
sobre la vida presente y da la impresión de cerrar el camino hacia el
futuro.
¡Del hambre y de la guerra, líbranos!
¡De la guerra
nuclear, de una autodestrucción incalculable y de todo tipo de guerra,
líbranos!
¡De los pecados contra la vida del hombre desde su primer
instante, líbranos!
¡Del odio y del envilecimiento de la dignidad de los
hijos de Dios, líbranos!
¡De toda clase de injusticias en la vida social,
nacional e internacional, líbranos!
¡De la facilidad de pisotear los
mandamientos de Dios, líbranos!
¡De la tentativa de ofuscar en los
corazones humanos la verdad misma de Dios, líbranos!
¡Del extravío de la
conciencia del bien y del mal, líbranos!
¡De los pecados contra el
Espíritu Santo, líbranos!, ¡líbranos!
Acoge, oh Madre de Cristo, este
grito lleno de sufrimiento de todos los hombres. Lleno del sufrimiento de
sociedades enteras.
Ayúdanos con el poder del Espíritu Santo a vencer
todo pecado, el pecado del hombre y el « pecado del mundo », el pecado en todas
sus manifestaciones.
Aparezca, una vez más, en la historia del mundo el
infinito poder salvador de la Redención: poder del Amor misericordioso. Que éste
detenga el mal. Que
transforme las conciencias. Que en tu
Corazón Inmaculado se abra a todos la luz de la Esperanza».4
Sor Lucía
confirmó personalmente que este acto solemne y universal de consagración
correspondía a los deseos de Nuestra Señora («Sim, està feita, tal como Nossa
Senhora a pediu, desde o dia 25 de Março de 1984 »: «Sí, desde el 25 de marzo de
1984, ha sido hecha tal como Nuestra Señora había pedido»: carta del 8 de
noviembre de 1989). Por tanto, toda discusión, así como cualquier otra petición
ulterior, carecen de fundamento.
En la documentación que se ofrece, a los
manuscritos de Sor Lucía se añaden otros cuatro textos:
1) la carta del
Santo Padre a Sor Lucía, del 19 de abril del 2000;
2) una descripción
del coloquio tenido con Sor Lucía el 27 de abril del 2000;
3) la
comunicación leída por encargo del Santo Padre en Fátima el 13 de mayo actual
por el Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado;
4) el comentario
teológico de Su Eminencia el Card. Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación
para la Doctrina de la Fe.
Una indicación para la interpretación de la
tercera parte del « secreto » la había ya insinuado Sor Lucía en una carta al
Santo Padre del 12 de mayo de 1982. En ella se dice:
« La tercera parte
del secreto se refiere a las palabras de Nuestra Señora: “Si no [Rusia]
diseminará sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la
Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre sufrirá mucho, varias
naciones serán destruidas” (13-VII-1917).
La tercera parte es una
revelación simbólica, que se refiere a esta parte del Mensaje, condicionado al
hecho de que aceptemos o no lo que el mismo Mensaje pide: “si aceptaren mis
peticiones, la Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, diseminará sus errores
por el mundo, etc.”.
Desde el momento en que no hemos tenido en cuenta
este llamamiento del Mensaje, constatamos que se ha cumplido, Rusia ha invadido
el mundo con sus errores. Y, aunque no constatamos aún la consumación completa
del final de esta profecía, vemos que nos encaminamos poco a poco hacia ella a
grandes pasos. Si no renunciamos al camino del pecado, del odio, de la venganza,
de la injusticia violando los derechos de la persona humana, de inmoralidad y de
violencia, etc.
Y no digamos que de este modo es Dios que nos castiga; al
contrario, son los hombres que por sí mismos se preparan el castigo. Dios nos
advierte con premura y nos llama al buen camino, respetando la libertad que nos
ha dado; por eso los hombres son responsables ».5
La decisión del Santo
Padre Juan Pablo II de hacer pública la tercera parte del « secreto » de Fátima
cierra una página de historia, marcada por la trágica voluntad humana de poder y
de iniquidad, pero impregnada del amor misericordioso de Dios y de la atenta
premura de la Madre de Jesús y de la Iglesia.
La acción de Dios, Señor de
la Historia, y la corresponsabilidad del hombre en su dramática y fecunda
libertad, son los dos goznes sobre los que se construye la historia de la
humanidad.
La Virgen que se apareció en Fátima nos llama la atención
sobre estos dos valores olvidados, sobre este porvenir del hombre en Dios, del
que somos parte activa y responsable.
Tarcisio Bertone,
SDB Arzobispo emérito de Vercelli Secretario de la Congregación para la
Doctrina de la Fe
La Tercera
Parte
del Secreto de Fátima
Revelado
Tomado del
Vaticano, 26 Junio, 2000 Traducción Oficial del Manuscrito de Lucía:
«
J.M.J.
Tercera parte del secreto revelado el 13 de julio de 1917 en la
Cueva de Iria-Fátima.
Escribo en obediencia a Vos, Dios mío, que lo
ordenáis por medio de Su Excelencia Reverendísima el Señor Obispo de Leiria y de
la Santísima Madre vuestra y mía.
Después de las dos partes que ya he
expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto
a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía
llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con
el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él;
el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz:
¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: «
algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él » a
un Obispo vestido de Blanco « hemos tenido el presentimiento de que fuera el
Santo Padre ». También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas
subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos
como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a
ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso
vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres
que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas
a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon
varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras
otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas
seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos
de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la
mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las
almas que se acercaban a Dios.
Tuy-3-1-1944 ». (Pontevedra,
España)

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